Doug Collins, entrenador de los Sixers, ha programado diversas reuniones con los jugadores antes de que comience el famoso lockout (1 de julio). En el día de ayer cenó con Thaddeus Young, y esta noche lo hará con Lou Williams en Atlanta. Mañana comerá con Lou Williams y así sucesivamente con el resto de jugadores, incluidos Brand, Holiday e Iguodala que están en Los Angeles.
Una vez que comience el lockout, el entrenador no podrá hablar con sus jugadores, y por ello ha querido conversar individualmente con cada uno de ellos, para hablar sobre los objetivos de la próxima temporada, y también para ayudarles a programar adecuadamente el verano. Collins es un ejemplo de profesionalidad, preocupándose por el futuro del equipo y de los jugadores, desplazándose a varias ciudades para hablar con todos, y no limitándose a conversar privadamente con uno o dos como hacen otros entrenadores.
Collins aprovechó la oportunidad para decir que los Sixers no están vendiendo a Iguodala. Por fin alguien ha entendido que los continuos rumores sobre el jugador no favorecían en nada al equipo. Daba la sensación de que Iguodala estaba en rebajas, y eso no es lo más adecuado para recibir las mejores ofertas. Pero el tema de Iguodala seguirá dando que hablar, ya que ahora se comenta que algunos rumores fueron alimentados con mala fe por el agente de Iguodala, ya que el jugador quiere irse a los Lakers o en su defecto a los Clippers.
La huelga indefinida parece inevitable, salvo que en la reunión de hoy avancen posturas. Los propietarios hicieron su mejor oferta la semana pasada, cediendo en dos pretensiones que se consideraban injustas por los jugadores, pero aún así fue rechazada. Los propietarios pretendían crear un sistema duro, fuerte, en relación al "salary cap", más la opción de transformar todos los contratos en no garantizados. Los jugadores dieron un NO rotundo. Posteriormente, los propietarios modificaron levemente sus pretensiones, proponiendo aplicar las nuevas reglas de juego de forma gradual, en un periodo de cinco años o más. Los jugadores también se opusieron a dichas medidas. La semana pasada fue cuando los propietarios cedieron de forma inesperada en las dos pretensiones, flexibilizando de manera importante el "hard cap" y desistiendo en converitr los contratos en no garantizados. La oferta fue buena pero los jugadores pasaron de todo, y ni tan siquiera hicieron una contraoferta.
Los propietarios han demostrado con papeles en la mano que 22 de los 30 equipos sufren pérdidas millonarias en los últimos años, y que no pueden seguir perdiendo dinero. Pese a ello, han hecho ofertas, han cedido en sus pretensiones, mientras que los jugadores no han parado de patalear. Están en su derecho de protestar, pero deben comprender que en estos tiempos de crisis hasta ellos tienen que apretarse el cinturón. En cuanto empiecen a no recibir el dinerito, seguramente empezarán a querer negociar, tras haber perjudicado a la liga y a sus aficionados. Algunos propietarios sufren tantas pérdidas que casi preferirían que no hubiese liga. Parece claro que el sistema debe ajustarse a la realidad económica que estamos viviendo, por el bien de la liga y la de sus aficionados, ya que cada vez hay menos fans acudiendo a los estadios porque los precios de las entradas no bajan, sino que suben.
Esto es lo que tenemos a día de hoy, ojalá cambie, pero la situación no pinta bien.
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Una vez que comience el lockout, el entrenador no podrá hablar con sus jugadores, y por ello ha querido conversar individualmente con cada uno de ellos, para hablar sobre los objetivos de la próxima temporada, y también para ayudarles a programar adecuadamente el verano. Collins es un ejemplo de profesionalidad, preocupándose por el futuro del equipo y de los jugadores, desplazándose a varias ciudades para hablar con todos, y no limitándose a conversar privadamente con uno o dos como hacen otros entrenadores.
Collins aprovechó la oportunidad para decir que los Sixers no están vendiendo a Iguodala. Por fin alguien ha entendido que los continuos rumores sobre el jugador no favorecían en nada al equipo. Daba la sensación de que Iguodala estaba en rebajas, y eso no es lo más adecuado para recibir las mejores ofertas. Pero el tema de Iguodala seguirá dando que hablar, ya que ahora se comenta que algunos rumores fueron alimentados con mala fe por el agente de Iguodala, ya que el jugador quiere irse a los Lakers o en su defecto a los Clippers.
La huelga indefinida parece inevitable, salvo que en la reunión de hoy avancen posturas. Los propietarios hicieron su mejor oferta la semana pasada, cediendo en dos pretensiones que se consideraban injustas por los jugadores, pero aún así fue rechazada. Los propietarios pretendían crear un sistema duro, fuerte, en relación al "salary cap", más la opción de transformar todos los contratos en no garantizados. Los jugadores dieron un NO rotundo. Posteriormente, los propietarios modificaron levemente sus pretensiones, proponiendo aplicar las nuevas reglas de juego de forma gradual, en un periodo de cinco años o más. Los jugadores también se opusieron a dichas medidas. La semana pasada fue cuando los propietarios cedieron de forma inesperada en las dos pretensiones, flexibilizando de manera importante el "hard cap" y desistiendo en converitr los contratos en no garantizados. La oferta fue buena pero los jugadores pasaron de todo, y ni tan siquiera hicieron una contraoferta.
Los propietarios han demostrado con papeles en la mano que 22 de los 30 equipos sufren pérdidas millonarias en los últimos años, y que no pueden seguir perdiendo dinero. Pese a ello, han hecho ofertas, han cedido en sus pretensiones, mientras que los jugadores no han parado de patalear. Están en su derecho de protestar, pero deben comprender que en estos tiempos de crisis hasta ellos tienen que apretarse el cinturón. En cuanto empiecen a no recibir el dinerito, seguramente empezarán a querer negociar, tras haber perjudicado a la liga y a sus aficionados. Algunos propietarios sufren tantas pérdidas que casi preferirían que no hubiese liga. Parece claro que el sistema debe ajustarse a la realidad económica que estamos viviendo, por el bien de la liga y la de sus aficionados, ya que cada vez hay menos fans acudiendo a los estadios porque los precios de las entradas no bajan, sino que suben.
Esto es lo que tenemos a día de hoy, ojalá cambie, pero la situación no pinta bien.

